. Ya estaba cansada de esperar respuestas a algo tan insólito como la simple felicidad, ya comenzaba a rendirme a darme por muerta en vida, a decir que ya nada vale la pena, a dejar de tener fe, voluntad ni mucho menos valentía.
Me cansé de que todo fuera siempre igual, siempre algo vulgar, algo que no cobra ningún sentido.
Me sentí olvidada, dejada, la vida en si me abandonaba, cada vez me sentía menos fuerte, hasta fortalecer mi debilidad.
Ya de que valía creer en los milagros, de que me servia mentirme, pensando que estaba todo bien mientras que mi mundo se desmoronaba en mil pedazos, ya no había ganas de creer en ese mundo, en el mundo que muchos no imaginamos, pero que pocos creen.
Estaba sola, completamente sola, extraída de un universo paralelo, al que jamás debí entrar, aunque por otro lado la soledad, la tristeza y la agonía ya eran rutina y cada día que pasaba más me acostumbraba así que el miedo yo no lo encontraba.
Un árbol verde lleno de vida, se convierte en un vegetal negro, unas rosas en un jardín se pudren al igual que unas manzanas que su dueño no cuidó, yo no me cuidé literalmente, no me prevení y ahora pago la deuda.
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